FCB 2 – 3 RM: Pajarito de Arabia

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No es Peter O’Toole porque tampoco es Lawrence de Arabia, pero las dunas, la arena, el solazo y los dátiles le sientan a Fede Valverde, el Pajarito, como un camión de mate. Es el Pajarito de Arabia, el rey de las prórrogas. Hace dos años, por aquella acción ante Morata que le dio el título al Real Madrid en Yeda, en el minuto 115. Y ahora, en el 98 y en Riad, con un gol en una contra supersónica que le dio vida a los de Ancelotti, que lo pasaron realmente mal ante un Barcelona que fue durante muchos minutos superior, en juego y físico, pero que acabó perdiendo (2-3).

La metamorfosis del Barcelona de Xavi respecto al de Koeman es un hecho, más allá de las caras nuevas. Pero la metamorfosis que sufrió el Real Madrid a lo largo del primer acto fue mucho más notoria. Era absolutamente evidente que el partido comenzaría con el guión de un equipo azulgrana monopolizando la posesión y presionando muy arriba, que para eso el nuevo entrenador culé es discípulo de Guardiola, mientras el Madrid esperaría ordenado en su campo (lo que se viene a llamar ahora defender en bloque medio) para, a la contra, tratar de pulverizar a su rival aprovechando la velocidad de Vinicius y las diagonales de Asensio ante la lentitud de los defensas barcelonistas a la hora de correr hacia atrás.

Y el guión fue así durante varios minutos. El Barcelona, con Ferrán titular sin apenas conocer a sus compañeros, intentaba encontrar un resquicio por el que colarse ante un bien posicionado equipo blanco y el Madrid trataba de activar a sus puntas, cosa que conseguía pero sin puntería, aunque Asensio aparecía especialmente activo, como en sus mejores días. Sin embargo, el que descerrajó el primer tiro fue Vinicius, a los veinticinco minutos: Benzema forzó un error de Busquets y el brasileño, encontrando espacio a la espalda de Araujo, desparramó a Ter Stegen para hacer el 0-1. La gesticulación de los jugadores barcelonistas hacia presagiar una hecatombe.

Pero tras unos minutos de desconcierto, el que se desconcertó de manera absurda fue el Madrid. De repente, y pese a que estaba funcionando la propuesta de Ancelotti, el equipo se tiró diez metros más atras, excepto unos delanteros que pasaron a ser tres islotes. O tres Djokovics en el aeropuerto de Melbourne. La decisión propició que se activara Dembele, hasta entonces muy desacertado, y que el fútbol que estaba poniendo Frenkie de Jong tuviera compañía. Avisó en un par de cabezazos Luuk de Jong, el que decían que tendría que estar jugando en el Cádiz, al buscar la espalda de un Nacho que fue titular por la lesión de última hora de Alaba. Y a la tercera fue la vencida, aprovechando el segundo despiste importante en los últimos días, tras el de Getafe, de Militao.

El brasileño despejó rematadamente mal un centro de Dembele que parecía no llevar peligro. Pero Militao midió mal, su despeje rebotó en Luuk de Jong y el balón, tras rebotar en el poste, superó a un Courtois que no entendía a que venía toda aquella partida de pinball si eso en principio debía ser fútbol. El 1-1 era justo, pese a todo, porque el Madrid decidió dimitir del partido: su defensa bajísima obligó a Modric y Kroos a recibir casi en la frontal de su propia área, a cometer más errores de lo esparado y a ser incapaces de encontrar de nuevo a los atacantes.

A la vuelta del descanso, a Xavi no le quedó más remedio que mover el peral, porque con medio equipo saliendo de lesión o de COVID pocos iban a aguantar todo el partido. Los sacrificados fueron el mejor de su equipo, Frenkie de Jong, y el desaparecido Ferrán. Entraron Pedri, que no jugaba desde los Juegos, y Abde, pero el guión del tramo final del primer acto no cambiaba. El Madrid defendía inusualmente cerca de Courtois, y eso provocaba, ante la presión del Barcelona, que la salida de balón tuviera numerosos errores y los azulgrana dispusieran de ocasiones para plantarse ante Courtois, aunque tras la espantosa salida de los de Ancelotti la cosa se niveló a los diez minutos.

El cansancio comenzó a apoderarse de los jugadores de los dos equipos, ya saben que el físico no es precisamente su cualidad más destacada, y el partido se abrió, cosa que el Madrid agradece porque puede correr y porque Modric y Kroos, con algo de tiempo para pensar, inciden más en el juego y su equipo lo agradece, aunque en esas situaciones Carvajal y Mendy se aturullan demasiado y casi son más enemigos que aliados. Xavi tiró de Ansu Fati, otro que volvía tras dos meses de lesión, y Ancelotti, que despertó de su letargo, de Rodrygo, que entró por un Asensio que se había vuelto transparente.

Y entonces apareció Benzema, el gato triste y azul, que decidió tener su incidencia en el partido. Primero, para inventarse un remate al palo en una jugada individual, en uno de los pocos coletazos ofensivos reales del Madrid. Y luego, para primero forzar una buena parada de Ter Stegen después de que Mendy burreara a un Dani Alves que por aquel entonces iba en chanclas (cosas de tener 38 años e intentar jugar al máximo nivel) y para hacer el 1-2 después de que el rebote le llegara a Carvajal y su centro, tras rebote en el meta azulgrana, le cayera en los pies para solo tener que empujarla.

Quizás no era lo más justo, pero era. Por algo uno es primero en LaLiga y el otro, séptimo y en plena reconstrucción. Memphis y Nico fueron el último recurso de Xavi para intentar la heroica, mientras el aficionado madridista temblaba pensando en un nuevo pase atrás de los suyos. Y no pasó, pero lo que sí pasó fue un desastroso error al alimón entre Militao y Mendy, y ya van demasiados, en un córner que permitió a Ansu Fati cabecear a placer dentro del área pequeña el 2-2. El Barcelona estaba más entero, pero se llegó a la prórroga con las tablas en el marcador.

El Madrid seguía vivo tal vez sin merecerlo, y además se volvió a adelantar, cuando peor lo estaba pasando, con el Barcelona mucho mejor físicamente (¿dónde quedó aquello de Pintus los tiene como motos?) y con el equipo blanco sobrepasado. Pero encontró una contra supersónica (perdón, Juanito), cinco blancos contra dos adversarios, y Valverde machacó cuando ya parecía que la ocasión se iba al limbo. Tercera vez el Madrid por delante, no está ma para un Clásico, pero tuvo que aparecer Courtois para meter dos manos consecutivas excelentes a remates de Busquets y Dembele.

El Barcelona tuvo que apelar a la épica, Araujo y Piqué de delanteros, descuidando la defensa, pero yendo con orgullo hacia delante. No encontraron ni un resquicio, mientras que Rodrygo desperdició una ocasión manifiesta en el alargue. Fue una angustia, porque era un Barcelona-Real Madrid, pero el Pajarito de Arabia manda en estas tierras. Ahora, a por la final.

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