ALC 1 – 3 RM: El Madrid apela a Francis Bacon

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Se le atribuye a Francis Bacon la frase «si Mahoma no va a la montaña, la montaña irá a Mahoma». Y eso hizo el Madrid ante el Alcoyano, apelar al filósofo inglés, en partido de dieciseisavos de final de Copa del Rey. Dos goles del equipo alicantino en propia meta sentenciaron un choque (1-3) en el que el Madrid se adelantó jugando peor y los locales empataron cuando parecían desahuciados. No parecía fácil que el Madrid hiciera gol, más allá del de Militao que adelantó a los de Ancelotti, así que el equipo local, sin querer, se encargó de hacer parte del trabajo. La montaña vino y los fantasmas se fueron.

El Madrid debería haber tenido claro que el año pasado, en Alcoy y por estas fechas, en esta misma ronda de Copa del Rey, los locales le dieron un trompazo que dejó a Zidane, por aquel entonces entrenador blanco, triturado y a los pies de los caballos. Pero no. Los blancos adolecieron de una falta de tensión absolutamente sonrojante, impropia del líder de Primera División, con un equipo de absoluta garantía, ante un equipo de la extinta Segunda B, ahora Primera RFEF.

Todos los duelos, todos los choques, todos los balones sueltos, iban siempre a pies de jugadores de Vicente Parras. Mucho más vivos, paladeando aún lo que sucedió en 2021, el partido se volcó desde el inicio sobre la meta de Lunin. Tampoco porque sufriera un bombardeo, conviene no engañarse, pero sí que salía mucho más el ucraniano en el tiro de cámara que el portero del Alcoyano y presunto hermano de Rubiales, José Juan.

De hecho, las dos mejores ocasiones del primer acto fueron locales. Primero, en un remate a los cuatro minutos de Carlos Blanco que despejó de manera salvadora Camavinga. Y más tarde, tras una buena parada de Lunin a remate de mismo jugador local, central con alma ofensiva. El Alcoyano era más incómodo que comerse una croqueta con arena en la playa mientras sopla el aire. Sudaba, corría, rascaba, iba, venía y hasta fingía. Las armas tradicionales de un equipo de categoría inferior, lo que cualquiera, sin necesidad de haber jugado al fútbol en su vida o haberse matriculado en un curso de entrenadores para aprender nuevas formulas de salida de presión por banda ante bloque alto, sabía de antemano. Menos los jugadores del Madrid, parece.

Imprecisos, diluidos, sin punch, despistados y a veces hasta mal colocados para poder darle continuidad a las jugadas, la cosa no pintaba demasiado bien, pero Militao acertó a meter la cabeza en un córner botado por Rodrygo y adelantó a los blancos. Curioso lo del central brasileño, que de desterrado ha pasado a ser un puntal. ¡En el Madrid el Mili es obligatorio! El gol, como el curso pasado, adelantando al Madrid justo antes del descanso y de la hecatombe, debería haber despejado el futuro de los de Ancelotti. Pero en absoluto.

Y eso que el líder de LaLiga salió con otro espíritu al segundo tiempo. Al Alcoyano se le desmoronaba el plan, porque por primera vez su presión era burlada con relativa facilidad. Se lesionó Mariano nada más arrancar, y la entrada de Asensio le dio más calidad de posesión a los blancos. Pero cuando parecía que todo iba a terminar así, con una victoria madridista sin apuros, Dani Vega se cascó un golazo a veinte minutos del final que dejaba la cosa en tablas. Y todos los fantasmas, que habían desaparecido de El Collao tras el gol de Militao, salieron de las sombras y volvieron a asomarse por la Copa del Rey.

Y entonces el Madrid espabiló, y sentenció, en dos minutos, con sendos goles en propia meta del adversario. No iba a haber sorpresa. Un gol de rebote a chut Asensio, de Raúl González en su portería, y otro de José Juan, el arquero del Alcoyano, tras disparo de Isco, dejaron el partido sentenciado a diez minutos del final. Si Mahoma no va a la montaña, la montaña irá a Mahoma. Quién lo iba a decir. El Madrid se examinó de Francis Bacon en Alcoy y sacó nota. Pero sólo en eso. Porque el paseo de los fantasmas dejó más de un cuerpo cortado.

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