RM 1 – 0 ATH: Un zarpazo y siete arriba

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Ante el Athletic, un zarpazo del gato francés al león bilbaino decidió un partido (1-0) en el que el Real Madrid no estuvo precisamente bien, pese a dos rachas de buen juego en la primera parte, e impulsó a los de Ancelotti a poner tierra de por medio en el liderato liguero. Son ya siete puntos sobre el segundo (el Atlético, aún con un partido menos) pero eso en diciembre es mucho. Benzema, tras el mal rato que le hicieron pasar con la entrega del Balón de Oro, resolvió en la única ocasión clara de los blancos en el encuentro. Marramiau.

Si son lectores más o menos habituales de las crónicas de quien suscribe, vendrá percibiendo a través de ellas que el Madrid funciona si su trío del centro del campo rinde a buen nivel, algo para lo que necesita un rival no demasiado físico. Pero a eso hay que sumar otra variable: el cansancio. Carlo Ancelotti parece dispuesto a sentenciar ya LaLiga y por ese motivo ha decidido no rotar. Poner pies en polvorosa liderando la tabla clasificatoria aprovechando la irregularidad de los contendientes por el título y luego ya irá regulando hasta el final de campaña. O eso o no se fía de sus suplentes, pero seremos condescendientes y pensaremos que es por aprovechar el tirón.

Por tanto, Ancelotti no rotó ante el Athletic. Mejor dicho, tampoco rotó ante el Athletic. La entrada de Lucas Vázquez por Carvajal fue la única novedad de inicio respecto al partido con el Sevilla. Y el once casi de gala comenzó el partido a buen nivel. Circulación rápida de balón impidiendo la presión alta de los de Marcelino (su seña de identidad), mente fresca… pero piernas no tanto. El Madrid mandaba y no pasaba apuros, los del Botxo no olían el balón y el Bernabéu olía a Eau de líder. No tenía grandes ocasiones, un posible penalti sobre Benzema que pareció más un forcejeo que otra cosa… y de repente el equipo se vino abajo, de un plumazo.

Fue un golpe seco, de árbol centenario desplomándose con el eco resonando en el bosque . Pam. El centro del campo de repente pasó de ser pegamento a convertirse en una sopa de fideos. Con Vinicius y Benzema más preocupados de atacar que de defender y con Asensio en su habitual tierra de nadie, el Athletic comenzó a creérselo y dispuso, en apenas diez minutos, de tres buenas ocasiones, dos de ellas desbaratadas por un Courtois el estado de gracia. Y de repente, igual que el equipo blanco había salido a por tabaco, regresó. Y lo hizo para volver a vapulear a los rojiblancos en el tramo final del primer acto y esta vez con gol, tras un remate de Asensio que sacó Unai Simón y cuyo rechazo le llegó a un Modric que le pegó al esférico peor que cuando era alevín de primer año pero éste le llegó a Benzema, que no perdonó. 1-0 y al descanso.

En el arranque, aquellos buenos minutos del Madrid volvieron a caer en el olvido, el árbol estaba talado y bien talado. Iñaki Williams comenzó a agigantarse y a asociarse con un buen Muniain y los de Ancelotti parecieron faltos de resuello, necesitaban unas sales con urgencia. Sí, tuvo Kroos una rosquita desde la frontal para haber cerrado el partido, pero los visitantes estaban mejor plantados sobre el césped ascensorista del Bernabéu. El Madrid, además, las pasaba canutas a balón parado aunque para su fortuna los de Marcelino, con esa rémora que llevan acarreando toda la temporada (sólo trece goles anotados), se atascaba con el descabello.

Ancelotti espabiló y metió a Valverde en el medio por un Modric que parecía a esas alturas un sueco tras correr una maratón en Dubai el 15 de julio. Muniain tuvo que retirarse con molestias físicos y las dos cosas parecieron darle aire al Madrid, aunque Courtois tuvo que salvar un remate de Sancet para evitar el empate y Militao apareció casi al final de la nada para salvar un gol cantado, con los blancos intentando poner la cara de costado para que no impactara ningún bofetón del Athletic, de nuevo crecido. El Madrid andaba con la lengua fuera, de una manera exagerada, por decisión del entrenador y por nada más. El equipo da señales inequívocas de necesitar oxígeno, pero Ancelotti no se lo da. Esperemos, por el bien del cuadro madridista, que esto no acabe como con Queiroz. Hace ya demasiado tiempo. O no tanto, porque algún fantasma apareció de entre los andamios del Bernabéu para poner los pelos de punta. Un zarpazo, siete puntos… y el susto en el cuerpo.

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